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El secreto de las arenas movedizas (fluidos no newtonianos)

¿Alguna vez te has preguntado si de verdad podrías hundirte en las arenas movedizas como en las películas? Te cuento toda la verdad sobre este fenómeno, cómo escapar de él, la ciencia real que hay detrás y los mitos más absurdos.

Seguro que te ha pasado. Estás tranquilamente en el sofá, viendo una película de aventuras de esas de los años ochenta o noventa, y de repente, el protagonista pisa donde no debe.

En cuestión de segundos, la tierra se lo empieza a tragar como si fuera un monstruo hambriento. Grita, se desespera, intenta agarrarse a una rama que justo se rompe y, al final, su mejor amigo tiene que lanzarle una liana en el último segundo para salvarle la vida.

Con los años, y después de leer mucho y estudiar el terreno de otra manera, descubrí la realidad. La verdad es que el cine nos ha vendido una moto gigante. Ni son tan peligrosas como nos contaban, ni funcionan de esa manera tan dramática, ni te vas a ir al fondo de la Tierra por pisar una zona un poco blanda.

Prepárate un café o una infusión, que nos metemos de lleno en el barro (o mejor dicho, en la arena).

Las imágenes de esta entrada se han generado con fines ilustrativos con asistencia de la IA

Qué son realmente las arenas movedizas y por qué nos han engañado toda la vida

Cuando escuchas la palabra «arenas movedizas», lo primero que te viene a la mente es un pozo sin fondo de arena que, por arte de magia, se vuelve líquida.

Pues bien, la primera sorpresa es que no es un tipo de suelo especial. No es que vayas caminando por el desierto y haya una arena «maldita».

Las arenas movedizas son, sencillamente, una mezcla normal de arena fina, arcilla y agua. Lo que pasa es que están en un equilibrio muy peculiar.

En condiciones normales, los granos de arena están pegados unos a otros, formando una estructura compacta gracias a que el agua que hay entre ellos lubrica el ambiente, pero no los separa del todo. El suelo parece sólido y puedes caminar por encima perfectamente.

El problema (o la magia científica), empieza cuando entra en juego un exceso de agua subterránea o una vibración constante. En ese momento, la presión del agua empuja los granos de arena hacia arriba, separándolos.

Al no estar en contacto unos con otros, la fricción que los mantenía firmes desaparece. El suelo entero pierde la capacidad de soportar peso y se transforma, temporalmente, en una especie de sopa espesa.

El mito del pozo sin fondo

El mayor engaño de las películas es hacernos creer que las arenas movedizas son un agujero infinito que te succiona. Esto es físicamente imposible, y ahora te explico por qué con un concepto básico: la densidad.

El cuerpo humano está compuesto en su gran mayoría por agua. Nuestra densidad media es muy similar a la del agua dulce (un poco menos si tenemos aire en los pulmones, por eso flotamos en la piscina).

Las arenas movedizas, al ser una mezcla de agua y un montón de minerales pesados como el cuarzo y la arcilla, son muchísimo más densas que nosotros. Concretamente, pesan el doble por cada litro de volumen.

Por pura física (el viejo amigo Arquímedes y su principio de flotación), un objeto menos denso no puede hundirse del todo en un fluido más denso. Así que, pase lo que pase, es imposible que te vayas al fondo.

Como mucho, si te quedas completamente quieta y no haces nada, te hundirás hasta la cintura o el pecho. A partir de ahí, tu propio cuerpo flotará de forma natural.

El peligro real no es desaparecer bajo la arena, el peligro real es quedarte encallada y que cambie la marea si estás en una zona de costa, o sufrir deshidratación si estás a pleno sol. Pero la arena en sí no te va a tragar.

Por qué el cine nos engaña

A Hollywood le encantan los peligros invisibles. Un acantilado se ve de lejos, un oso ruge antes de atacar, pero las arenas movedizas son el enemigo perfecto para generar tensión dramática, porque no se ven venir.

En los años sesenta y setenta, casi una de cada diez películas de aventuras incluía una escena de este tipo. Era un recurso facilón y barato para que el protagonista demostrara su heroísmo, o para deshacerse de un villano de forma poética.

El problema es que nos lo creímos. Crecimos pensando que el planeta estaba plagado de estas zonas movedizas y que pisar una era una sentencia de muerte. Hoy sabemos que es solo ficción, pero el miedo se quedó grabado en nuestro imaginario colectivo.

La ciencia que lo explica todo: los fluidos no newtonianos

Aquí es donde la cosa se pone verdaderamente interesante. Para entender cómo se comporta este terreno, tenemos que hablar de un concepto de la física que suena muy técnico pero que es facilísimo de ver en el día a día: los fluidos no newtonianos.

Seguramente te acuerdas de las clases del colegio donde nos explicaban que el agua es un fluido normal. Si metes la mano despacio en un cubo de agua, el agua se aparta. Si la metes rápido dando un manotazo, el agua se aparta exactamente igual (solo que salpicas más). Su resistencia, lo que los científicos llaman «viscosidad», no cambia por la fuerza que tú apliques. Eso es un fluido newtoniano.

Sin embargo, las arenas movedizas juegan con otras reglas. Son un fluido no newtoniano, lo que significa que su viscosidad cambia dependiendo de la fuerza o el estrés que se le aplique.

El experimento casero que puedes hacer hoy mismo

Para que lo entiendas a la perfección, sin tener que viajar a ninguna playa peligrosa, puedes hacer un experimento sencillísimo en la cocina de tu casa. Solo necesitas un cuenco, un vaso de harina de maíz (la típica Maizena), y medio vaso de agua.

Mezcla las dos cosas con las manos hasta conseguir una pasta espesa. Ahora, haz la prueba:

  • Si metes el dedo despacio en la mezcla, entrará suavemente, como si fuera natillas o yogur líquido. La mezcla se comporta como un líquido.
  • Si intentas darle un puñetazo rápido y fuerte a la superficie, tu puño rebotará. La mezcla se vuelve completamente sólida por un instante. Incluso puedes coger un trozo con las manos, moldearlo como una pelota mientras no dejes de moverlo, y en cuanto abras la mano y lo dejes en paz, se derretirá entre tus dedos como agua.

Es muy parecido a lo que pasa con las arenas movedizas. Cuando están tranquilas en la naturaleza, parecen sólidas o un líquido muy espeso.

Si caminas con cuidado y sin brusquedades, el suelo te sostiene o te deja hundirte muy poco a poco. Pero si te pones nerviosa, empiezas a dar patadas violentas y a agitar los brazos con fuerza, la mezcla reacciona volviéndose increíblemente rígida a tu alrededor. Se compacta y te atrapa como si fuera cemento de fraguado rápido.

Si te ha gustado ell experimento, no dejes de pasarte por la sección de experimentos del blog, una forma fácil de entender la ciencia.

El fenómeno de la licuación

Para que la arena normal se convierta en este fluido tan especial, hace falta un proceso que en geología se conoce como licuación o licuefacción del suelo.

Imagina que tienes un tarro lleno de canicas. Si echas agua, el agua llenará los huecos entre las canicas. Si ahora agitas el tarro con fuerza desde abajo, las canicas se separarán un poco y empezarán a flotar en el agua.

En la naturaleza, esto ocurre principalmente por tres factores:

  1. Corrientes de agua subterránea: agua que sube desde el subsuelo con la fuerza suficiente para vencer el peso de los granos de arena.
  2. Terremotos: las ondas sísmicas agitan el terreno con tanta violencia que separan las partículas de suelo cargadas de agua, haciendo que edificios enteros se hundan como si estuvieran sobre gelatina.
  3. Acción de las mareas: en los estuarios de los ríos y en las playas, el cambio constante del nivel del agua satura la arena fina de forma intermitente, creando zonas inestables que cambian de hora en hora.

Cómo se forman las arenas movedizas y dónde podemos encontrarlas

No hace falta que viajes a la selva del Amazonas ni al desierto del Sáhara para ver este fenómeno. De hecho, en los desiertos secos es casi imposible que se formen porque falta el ingrediente estrella: el agua líquida. Las arenas movedizas necesitan humedad constante.

Los ingredientes perfectos

Para que la naturaleza cocine una buena zona de arenas movedizas, necesita seguir una receta muy concreta:

  • Arena muy fina o limo: los granos grandes y gruesos se asientan demasiado rápido y no retienen el agua de la misma manera. Se necesita un material casi pulverizado.
  • Presencia de arcilla: la arcilla actúa como un agente aglutinante suave que ayuda a mantener la estructura esponjosa cuando el suelo está en reposo.
  • Saturación hídrica: un aporte constante de agua, ya sea por un manantial oculto, la desembocadura de un río o filtraciones de lluvia.

Los lugares más comunes en el mundo real

Si eres de las que disfruta haciendo senderismo o viajando por la costa, está bien que sepas en qué paisajes es más probable cruzarse con este tipo de terreno. No para tener miedo, sino para ir con los ojos abiertos.

Estuarios y desembocaduras de ríos

Es el sitio clásico por excelencia. Cuando un río llega al mar, pierde velocidad y deposita toda la arena fina y el lodo que traía desde la montaña.

Como estas zonas están subiendo y bajando constantemente por culpa de las mareas, el suelo nunca llega a compactarse del todo. Un ejemplo muy famoso en Europa es la bahía del Monte Saint-Michel en Francia.

Allí, cuando baja la marea, quedan kilómetros de arena al descubierto que parecen firmes, pero que esconden zonas movedizas muy traicioneras, combinadas con unas mareas que suben a la velocidad de un caballo al galope.

Playas con corrientes subterráneas

A veces, en playas aparentemente normales, hay fuentes de agua dulce que brotan justo debajo de la arena marina. Esta agua empuja desde abajo y crea parches blandos donde, al caminar, sientes que el pie se te hunde mucho más de lo normal.

Márgenes de lagos, pantanos y turberas

Alrededor de las masas de agua estancada, la acumulación de materia orgánica en descomposición combinada con la arena y el agua crea un lodo arcilloso con propiedades idénticas a las arenas movedizas.

Visualmente, suelen estar cubiertas de vegetación o musgo, lo que las hace más difíciles de detectar a simple vista.

El manual de supervivencia: cómo escapar paso a paso

Imagina que estás paseando por una marisma, te despistas mirando las aves y, de repente, notas que tu pierna derecha se hunde hasta la rodilla. Intentas sacarla y ves que está atrapada, que el suelo hace un efecto ventosa y que, cuanto más tiras, más te cuesta.

Lo primero que va a hacer tu cerebro es activar la señal de alarma. Te vas a acordar de todas las películas que has visto y vas a querer salir corriendo. ¡Error! Ese es el momento en el que tienes que respirar hondo y recordar esta guía.

Aquí tienes el paso a paso científico de lo que debes hacer para salir de allí en pocos minutos.

  1. Mantén la calma y no luches contra el suelo

Lo sé, es fácil decirlo desde aquí. Pero recuerda la física que acabamos de ver: si te agitas de forma violenta, la arena se vuelve más rígida y te atrapará con más fuerza.

Además, la densidad juega a tu favor, no te vas a hundir del todo. Quédate quieta unos segundos para que el terreno se estabilice a tu alrededor.

2. Deshazte de todo el peso extra que lleves encima

Si llevas una mochila pesada, quítatela y lánzala fuera de la zona blanda. Si llevas calzado pesado, como unas botas de montaña que se han llenado de agua y hacen efecto ventosa, intenta sacarlas de los pies si ves que te impiden moverte.

Cuanto menos peso tengas que soportar, más fácil te resultará flotar.

3. Distribuye tu peso inclinándote hacia atrás

La clave para salir de las arenas movedizas es la misma que para caminar sobre la nieve, necesitas repartir tu peso en la mayor superficie posible.

Inclina el torso hacia atrás de forma suave, apoyando la espalda sobre la arena como si te fueras a tumbar en una tumbona, o a flotar en una piscina. Al hacer esto, reduces la presión sobre las piernas y detienes el hundimiento.

4. Mueve las piernas muy despacio para que entre agua.

Para liberar tus piernas, necesitas romper el vacío que se ha creado a su alrededor. Empieza a mover una de las piernas muy poco a poco, haciendo pequeños círculos o balanceos laterales mínimos.

El objetivo no es tirar hacia arriba con fuerza, sino abrir un pequeño hueco para que el agua de la superficie se filtre hacia abajo. En cuanto el agua entre en el espacio, la arena volverá a ser líquida y la presión disminuirá drásticamente.

5. Saca las piernas y rema hacia tierra firme.

Una vez que notes que una pierna está más suelta, sácala despacio y apóyala sobre la superficie de la arena, manteniendo siempre el cuerpo tumbado hacia atrás. Repite el proceso con la otra.

Cuando tengas las dos piernas fuera, no intentes ponerte de pie enseguida porque te volverías a hundir. Avanza gateando, rodando sobre ti misma, o haciendo movimientos de natación de espaldas hacia la zona de suelo firme que tengas más cerca.

El truco que salva vidas: Si vas de excursión por zonas de marismas o estuarios, lleva siempre un bastón de senderismo. Si te notas hundirte, colócalo horizontalmente detrás de tu espalda y apóyate sobre él. Te servirá de palanca para mantener el cuerpo a flote mientras liberas las piernas.

Mitos y verdades que necesitas conocer

A lo largo de los años se han ido acumulando tantas historias falsas sobre las arenas movedizas que vale la pena hacer una limpieza a fondo y separar los datos reales de los cuentos de camino. Vamos a repasar los más sonados.

¿Tienen fuerza de succión propia?

Mito. Mucha gente cree que las arenas movedizas tienen una fuerza activa, como una aspiradora gigante instalada bajo el suelo que tira de ti hacia abajo. Esto es completamente falso.

La única fuerza que te empuja hacia abajo es tu propio peso debido a la gravedad. El motivo por el cual cuesta tanto sacar el pie es el vacío que se crea cuando intentas retirar un objeto de una mezcla tan densa, sin dejar que entre aire o agua primero.

Es física, no magia negra.

¿Se pueden dar en el desierto?

Mito. Como decíamos antes, este es otro clásico del cine. El protagonista va por las dunas del Sáhara y cae en un pozo de arena movediza.

En el desierto puede haber zonas de «arena suelta» o dunas inestables donde puedes resbalar y caerte, pero sin agua, es físicamente imposible que la arena adquiera las propiedades de un fluido no newtoniano.

Así que, si viajas al desierto, preocúpate por el calor y el agua para beber, pero olvídate de este peligro.

¿Te puedes ahogar en ellas?

Verdad a medias. No te vas a ahogar porque la arena te tape la cabeza por sí sola, ya que como hemos visto, tu cuerpo flotará mucho antes de llegar a ese punto.

Sin embargo, sí existe un riesgo real de ahogamiento indirecto. Si te quedas atrapada en la desembocadura de un río o en una playa con mareas fuertes y no consigues liberarte a tiempo, cuando suba la marea el agua del mar sí que te cubrirá por completo.

Por eso, es vital conocer la técnica de escape y actuar con calma pero sin pausa.

La conservación de los ecosistemas donde habitan

Más allá del peligro anecdótico que puedan suponer para un excursionista despistado, las zonas donde suelen formarse las arenas movedizas (como las marismas, los estuarios y los humedales), son algunos de los ecosistemas más valiosos y amenazados de nuestro planeta.

A menudo, hemos visto estos paisajes como lugares sucios, peligrosos o inútiles que había que desecar para construir urbanizaciones o campos de cultivo. Por suerte, hoy sabemos que cumplen funciones vitales para el equilibrio de la naturaleza y para nuestra propia seguridad.

Filtros naturales del agua

Las marismas y estuarios funcionan como los riñones de la Tierra. Cuando los ríos bajan cargados de sedimentos, nutrientes e, incluso, contaminantes de las ciudades, la densa red de vegetación y los suelos arcillosos y arenosos de estas zonas actúan como un filtro gigante.

Atrapan las impurezas y limpian el agua antes de que esta llegue finalmente al mar, protegiendo la vida marina de la costa.

Escudos contra las tormentas

Zonas como los manglares y las marismas costeras son la primera línea de defensa de los pueblos y ciudades frente a los temporales marítimos.

Cuando hay una tormenta fuerte o una subida brusca del nivel del mar, estos terrenos esponjosos absorben la energía de las olas y frenan el avance del agua, reduciendo de forma drástica las inundaciones en las zonas habitadas del interior.

Paraísos de biodiversidad

Aunque, a simple vista, te parezcan solo extensiones de barro y agua, estos lugares están llenos de vida. Son el hogar de miles de especies de aves migratorias que viajan miles de kilómetros cada año y que necesitan parar aquí para descansar y alimentarse.

Además, son las guarderías del océano: muchísimas especies de peces ponen sus huevos en las aguas tranquilas y protegidas de los estuarios, para que los alevines crezcan a salvo de los grandes depredadores.

Cuidar estos espacios, respetar los caminos señalizados cuando los visitamos y no alterar su dinámica natural del agua es fundamental para que sigan cumpliendo su función. Así que la próxima vez que veas una marisma, mírala con respeto y admiración, no con miedo.

Preguntas frecuentes sobre las arenas movedizas

¿Cuánto tiempo se tarda en salir de las arenas movedizas?

Si aplicas la técnica correcta que te he explicado arriba (tumbarte hacia atrás y mover las piernas despacio para que entre agua), puedes estar fuera en menos de dos o tres minutos.
No es un proceso eterno. Lo único que requiere es paciencia para no desesperarte mientras notas cómo el suelo se ablanda poco a poco.

¿Se puede usar una cuerda para sacar a alguien con fuerza?

Hay que tener muchísimo cuidado con esto. Si una persona está muy hundida y la arena se ha compactado a su alrededor, intentar tirar de ella hacia arriba con una cuerda atada al coche, o mediante la fuerza de varias personas puede ser peligroso.
La resistencia que ofrece el suelo compactado es tan grande que se pueden llegar a causar lesiones graves en las articulaciones o la espalda de la persona atrapada. Lo ideal es usar la cuerda para darle estabilidad, pasarle un bastón para que se apoye y dejar que libere las piernas usando la técnica de flotación.

¿La ropa influye en el hundimiento?

La ropa fina y normal no cambia nada, pero el calzado sí es determinante. Las botas de montaña de caña alta o las botas de agua impermeables son las peores aliadas en este escenario.
Al ser cerradas y estancas, cuando intentas sacar el pie crean un efecto ventosa perfecto con el barro, haciendo que parezca que pesan quintales.
Si notas que una bota te tiene completamente anclada, a veces la mejor opción es desabrocharla, sacar el pie limpio y dejar la bota atrás. Tu seguridad vale más que un calzado.

¿Hay arenas movedizas en España?

Sí, claro que hay, pero no tienen nada que ver con las de las películas de acción. Las puedes encontrar en zonas de marismas como Doñana, en las desembocaduras de ríos importantes como el delta del Ebro, o en lagunas interiores con fondos limosos muy blandos.
Los paisanos de estas zonas las conocen de toda la vida como «tollos», o simplemente, cenagales. El riesgo real allí es que se quede atrapada una vaca o un caballo despistado, o que tú te metas un buen susto y te llenes de barro hasta las rodillas, pero nada más.

¿Qué pasa si te caes de cabeza?

Este es un supuesto muy raro porque nadie camina cabeza abajo, pero si por un tropiezo tonto cayeras de bruces sobre una zona blanda, el procedimiento es el mismo.
No intentes levantarte apoyando los puños con fuerza (recuerda que la presión compacta el fluido). Extiende los brazos abiertos sobre el barro para repartir el peso, gira el cuerpo para ponerte de espaldas y saca la cara de la zona húmeda inmediatamente.
Al estar tumbada boca arriba, flotarás sin problemas.

Hasta aquí nuestra charla de hoy sobre uno de los mayores mitos de nuestra infancia. Espero que después de leer todo esto le hayas perdido ese miedo irracional que el cine nos inoculó a base de efectos especiales y guiones exagerados.

Al final, como casi todo en esta vida, el conocimiento y la ciencia son las mejores herramientas para sustituir el pánico por el respeto y la prudencia.

Ahora me encantaría escucharte a ti. ¿Eras de las que también vivía obsesionada con encontrarse arenas movedizas en el parque de su barrio? ¿Has tenido alguna experiencia real metiendo el pie en una zona de marisma o playa blanda que te diera un buen susto?

Déjame un comentario aquí abajo y cuéntame tu historia, que ya sabes que me encanta leerte y que charlemos un rato. ¡Nos vemos en el próximo artículo!

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