dibujo de una vela junto a un vaso y letrero de como apagar una vela sin tocarla

El asombroso truco para apagar una vela sin tocarla: dos experimentos que parecen magia y son pura ciencia.

Aprende cómo apagar una vela sin tocarla con dos experimentos caseros: tapándola con un vaso y creando dióxido de carbono con bicarbonato y vinagre. Explicación científica, paso a paso, seguridad, variaciones, preguntas frecuentes y curiosidades.

Contenidos
  1. La magia empieza con una llama pequeñita.
  2. Antes de empezar: qué está ocurriendo realmente en una vela encendida
  3. Experimento 1: apagar una vela sin tocarla tapándola con un vaso.
  4. Seguridad básica pero necesaria para apagar una vela sin tocarla.
  5. Lo que este experimento enseña más allá del resultado.
  6. Experimento 2: apagar una vela sin tocarla con bicarbonato y vinagre alrededor.
  7. Qué detalles merece la pena observar sobre apagar una vela sin tocarla.
  8. Comparación entre ambos experimentos: dos caminos para apagar una vela sin tocarla.
  9. Variaciones curiosas y muy útiles para seguir experimentando.
  10. Seguridad para disfrutar del experimento con tranquilidad.
  11. Aplicaciones reales: del salón a la industria.
  12. Mitos frecuentes sobre apagar una vela sin tocarla.
  13. Preguntas frecuentes sobre apagar una vela sin tocarla.
  14. Curiosidades que quizá no sabías sobre apagar una vela sin tocarla.
  15. la ciencia no está lejos, está en tu mesa.

La magia empieza con una llama pequeñita.

Siempre me han gustado las velas. No sólo por su luz cálida o el olor, sino porque una llama es un pequeño universo en movimiento. Es hipnótica, pero también poderosa y delicada a la vez. Pensé en cómo solemos apagar velas sin pensar: soplido, dedos, apagavelas, lo de siempre. Pero ¿y si hubiera otra forma? Una que no dependiera de fuerza ni contacto, sino de entender cómo funciona.

MOLO me miró como quien ya sabe lo que viene.
“Si lo puedes imaginar, lo puedes experimentar”, dijo, haciendo una voltereta en el aire.
Me reí, porque tiene razón. La curiosidad es combustible científico, aunque sea doméstico y sin bata blanca.

Antes de empezar: qué está ocurriendo realmente en una vela encendida

La ciencia detrás de una vela es más interesante de lo que parece. No es simplemente cera derritiéndose, es una reacción química continua. Para que una llama exista, necesita tres cosas:

  1. Combustible, que en este caso es la cera, formada principalmente por hidrocarburos.
  2. Calor suficiente para mantener la combustión.
  3. Oxígeno disponible en el aire que rodea la vela.

A esto se le llama triángulo del fuego. Si falta uno, la llama desaparece. No hay negociación posible. El fuego es precioso, pero muy obediente a sus reglas.

Cuando la cera se derrite, sube por la mecha y se vaporiza. Ese gas combustible reacciona con el oxígeno del aire, produciendo luz, calor, vapor de agua y dióxido de carbono. Es decir, la vela respira, aunque no tenga pulmones. En realidad, es casi una metáfora perfecta: si le quitas el aire, la llama no puede seguir.

MOLO, que estaba sentado sobre el borde del plato, intervino:
“Las llamas no se apagan por capricho, se apagan porque su química cambia.”
Y ahí comprendí que lo importante no sería apagar la vela, sino observar cómo lo hace.

Experimento 1: apagar una vela sin tocarla tapándola con un vaso.

Este experimento es de los que te dejan con una sonrisa tonta. No requiere fuerza, ni herramientas complicadas, ni ingredientes misteriosos y visualmente es espectacular, sobre todo, si añades agua teñida. Es el tipo de demostración perfecta para una sobremesa, una clase, un cumpleaños o simplemente, para alimentar la curiosidad.

Materiales sencillos, sin complicaciones.

  • Una vela, a ser posible pequeña y estable.
  • Un vaso transparente de cristal.
  • Un plato o bandeja.
  • Mechero o cerillas.
  • Agua opcional, con o sin colorante.

Con solo eso puedes hacer magia científica y apagar una vela sin tocarla.

Cómo hacerlo paso a paso.

  1. Coloca la vela en el centro del plato.
  2. Si quieres efecto visual, echa un poco de agua en el plato, que cubra la base.
  3. Enciende la vela y deja que la llama se estabilice.
  4. Sujeta el vaso y cúbrela lentamente, apoyándolo en el plato.
  5. Observa con calma lo que sucede durante los siguientes segundos.

Primero, la llama seguirá viva como si nada. Luego, empezará a hacerse más pequeña, menos definida y, finalmente, desaparecerá con total suavidad. No hay soplido, ni humo brusco, ni drama. Solo una extinción elegante.

La primera vez que lo hice, me quedé mirando el vaso como si hubiera descubierto un secreto antiguo. Y MOLO, muy orgulloso de sí mismo, exclamó:
“Aplaudid, porque acabáis de ver al oxígeno abandonar la fiesta.”

La explicación científica.

Cuando tapas la vela con el vaso, ocurre una pequeña revolución invisible. La vela sigue consumiendo oxígeno, pero el vaso impide que entre aire nuevo. El espacio interior tiene una cantidad limitada de oxígeno y, a medida que se quema, disminuye. Al mismo tiempo, se genera dióxido de carbono, que no permite que la combustión continúe.

Llega un punto en el que la llama ya no tiene suficiente oxígeno para mantenerse, pierde energía y se extingue. No porque la vela “se canse”, sino porque el combustible químico que necesita para vivir deja de estar disponible.

Además, el aire caliente dentro del vaso empieza a enfriarse cuando se apaga la llama, lo que reduce la presión interna. Si hay agua en el plato, la presión exterior empuja el agua hacia dentro del vaso y sube, creando un efecto precioso.

MOLO lo resumió de forma muy poética:
“El agua sube porque la atmósfera tiene más fuerza que el aire agotado del vaso.”

Qué puedes observar si prestas un poco más de atención.

Este experimento es tan corto que, a veces, lo hacemos deprisa y nos perdemos detalles fascinantes:

  • La llama cambia ligeramente de color antes de apagarse.
  • La mecha queda incandescente unos segundos.
  • El agua sube de forma progresiva, no de golpe.
  • Si el vaso es grande, tarda más en apagarse porque hay más oxígeno.

Es una oportunidad estupenda para entrenar la mirada científica. No hace falta medir nada, basta con mirar con calma.

Seguridad básica pero necesaria para apagar una vela sin tocarla.

Aunque el experimento es sencillo, el fuego siempre merece respeto. Algunas recomendaciones:

  • Coloca la vela en una superficie estable, resistente al calor.
  • No lo hagas cerca de cortinas, hojas secas o papel.
  • Si hay niños, que participen, pero que no manipulen la llama.
  • No uses vasos finos durante largos periodos, podrían calentarse demasiado.
  • Ten a mano agua o arena por si necesitas apagar la vela de verdad.

La ciencia no tiene que dar miedo, pero tampoco debe tomarse a la ligera.

Lo que este experimento enseña más allá del resultado.

Lo bonito de este truco no es sólo que la vela se apague sin tocarla, sino lo que revela:

  • El aire tiene composición, no es vacío.
  • El oxígeno es esencial para la combustión.
  • Los gases ocupan espacio y ejercen presión.
  • Las reacciones químicas están siempre presentes, aunque no las veamos.
  • Lo cotidiano puede transformarse en aprendizaje si sabes mirar.

MOLO, con tono reflexivo, dijo:
“A veces buscamos ciencia en los laboratorios, pero está quemándose tranquilamente en tu salón.”

Experimento 2: apagar una vela sin tocarla con bicarbonato y vinagre alrededor.

Si el experimento del vaso es elegante, este es más ruidoso, espontáneo y casi teatral. Aquí no encerramos la vela, no limitamos su espacio, no la tapamos. Simplemente dejamos que la química haga su trabajo alrededor de ella. Y aunque la llama parece segura, de repente, se apaga sin que nadie la toque. La escena es perfecta para grabarla, porque nadie se la espera.

Materiales que, probablemente, ya tienes en casa.

  • Una vela pequeña o mediana.
  • Un vaso, taza o cuenco.
  • Bicarbonato de sodio.
  • Vinagre, preferiblemente blanco.
  • Un plato o bandeja amplia.
  • Mechero o cerillas.
  • Opcional: colorante para que la reacción sea más vistosa

Cómo apagar una vela sin tocarla paso a paso.

  1. Coloca la vela en el centro del plato y asegúrate de que está estable.
  2. Enciéndela y deja que la llama esté firme, sin moverse demasiado.
  3. Espolvorea bicarbonato alrededor de la vela, dejando espacio para no tirarlo encima.
  4. Vierte un poco de vinagre sobre el bicarbonato y aléjate ligeramente.
  5. Observa cómo empieza a formarse espuma, burbujas y movimiento.
  6. Espera unos segundos. La llama bajará, se pondrá tímida y desaparecerá.

La reacción química entre el bicarbonato y el vinagre empieza a liberar CO₂ casi en el mismo instante. Si el recipiente es profundo, incluso puedes ver cómo ese gas invisible parece acumularse como una nube baja que rodea la vela.

Por qué funciona: la química explicada.

El vinagre contiene ácido acético y el bicarbonato es una base. Cuando los mezclas, se neutralizan y generan varios productos: agua, acetato de sodio y dióxido de carbono. Ese mismo CO₂ es el responsable del burbujeo y de apagar la vela.

La reacción, escrita de forma formal, sería así:

CH₃COOH + NaHCO₃ → CH₃COONa + H₂O + CO₂

No hace falta memorizar la ecuación, pero sí entender que el proceso libera gas. Ese gas pesa más que el aire, así que cae hacia abajo y desplaza el oxígeno en la zona donde la vela está encendida. El triángulo del fuego vuelve a aparecer: sin oxígeno, no hay combustión.

La llama no se apaga por contacto, ni por humedad, ni porque el vinagre salpique. Se apaga porque el aire que la rodea deja de tener suficiente oxígeno.

Puedes ver el experimento en video si lo prefieres:

https://youtu.be/jrnJEaCXM1w?si=AYeHjEACnRAY-szM

Qué detalles merece la pena observar sobre apagar una vela sin tocarla.

Este experimento puede parecer rápido, pero tiene muchas capas interesantes si te paras a mirar:

  • La llama suele inclinarse ligeramente antes de apagarse, buscando oxígeno.
  • La intensidad del burbujeo no influye tanto como crees en el tiempo de extinción.
  • Si usas un recipiente hondo, puedes “verter” CO₂ sobre la vela sin inclinar líquidos.
  • A veces, la vela se apaga antes de que termine la efervescencia.

Es casi un juego detectivesco. Cada repetición te enseña algo distinto.

Comparación entre ambos experimentos: dos caminos para apagar una vela sin tocarla.

Aunque el resultado sea idéntico, lo que ocurre, científicamente, es distinto.

En el experimento del vaso.

El oxígeno se agota porque la vela lo consume y no puede entrar aire nuevo. La presión también cambia. Es física del aire y de la combustión.

En el experimento del bicarbonato y el vinagre.

No encerramos el oxígeno, lo desplazamos. Creamos CO₂ nuevo que ocupa su lugar.
Es química, producción de gas y densidad.

Ambos son complementarios, como dos capítulos de la misma serie. Y juntos enseñan mucho más de lo que parecen.

Variaciones curiosas y muy útiles para seguir experimentando.

Cambia el tamaño de la vela.

Una vela más alta tarda más en apagarse porque necesita más tiempo para que el CO₂ la alcance.

Usa vasos de distintos volúmenes.

El tiempo de extinción te dará información sobre la cantidad de oxígeno atrapado.

Añade color al vinagre.

Parece una tontería, pero ayuda a visualizar la reacción, sobre todo si lo haces con niños o con personas visuales.

Usa botellas en vez de vasos.

La botella captura más CO₂ y te permite “verlo” caer cuando la vuelcas hacia la vela.

Hazlo al aire libre y en interior.

El viento, la ventilación y la temperatura cambian el resultado.

Cada variación aporta pistas. La ciencia avanza así: con preguntas pequeñas pero certeras.

Seguridad para disfrutar del experimento con tranquilidad.

Aunque estos experimentos sean sencillos, el fuego siempre merece cautela.

  • No dejes la vela encendida sin vigilancia.
  • No acerques la cara a la llama, ni a la reacción.
  • Evita superficies inestables o inflamables.
  • Si haces el experimento con niños, pon límites claros.
  • Cuando acabes, asegúrate de que la vela está completamente apagada.

A veces, pensamos que lo doméstico es inofensivo, pero la seguridad siempre es compañera imprescindible.

Aplicaciones reales: del salón a la industria.

Puede parecer que estamos jugando, pero estos experimentos conectan con tecnologías muy reales.

  • Los extintores de CO₂ funcionan exactamente así: desplazan el oxígeno.
  • Las cocinas usan reacciones ácido-base para generar gas en masas y salsas.
  • En laboratorios, el CO₂ se usa para crear atmósferas controladas.
  • En bodegas, el gas que fermenta desplaza el oxígeno y puede ser peligroso sin ventilación.
  • La industria alimentaria utiliza CO₂ para conservar texturas y sabores.

La ciencia no está aislada. Se filtra en cada rincón del mundo cotidiano, aunque no siempre la veamos.

Mitos frecuentes sobre apagar una vela sin tocarla.

“La vela se apaga porque el bicarbonato humedece la mecha”.

No ocurre contacto directo. Lo que actúa es el CO₂ desplazando el oxígeno.

“El vaso hace vacío y chupa el agua”.

No es vacío. Es disminución de la presión atmosférica por el consumo de oxígeno y el enfriamiento del aire.

“El vinagre y el bicarbonato explotan”.

No en estas cantidades. La reacción es suave y controlada.

“Si el agua sube, significa que el vaso está hermético”

No hace falta hermeticidad total. Basta con limitar el intercambio de aire.

Desmontar mitos es una forma preciosa de aprender.

Preguntas frecuentes sobre apagar una vela sin tocarla.

¿Puedo usar limón en vez de vinagre?

Sí, porque también es ácido. La reacción será más suave y puede tardar un poco más.

¿Da igual si el bicarbonato está caducado?

Funcionará, aunque podría generar menos gas.

¿Es peligroso el CO₂ generado?

No en estas cantidades y en espacios ventilados. Es mínimo, doméstico y temporal.

¿Por qué la llama parece estirarse antes de apagarse?

Porque está intentando buscar oxígeno. El fuego también reacciona al entorno.

¿Se puede apagar una vela usando solo CO₂ sin mezclar nada?

Sí, puedes capturarlo en un recipiente y verterlo sobre la vela. Es un experimento aún más visual.

Curiosidades que quizá no sabías sobre apagar una vela sin tocarla.

  • El dióxido de carbono no sólo apaga velas, también preserva alimentos porque desplaza el oxígeno que los oxida.
  • Los bomberos conocen bien estas dinámicas, porque los incendios agresivos pueden consumir oxígeno y colapsar los espacios.
  • La combustión completa produce menos humo que la incompleta, por eso una vela que se está apagando cambia de color.
  • El aire está formado aproximadamente por un 21% de oxígeno, pero la vela necesita bastante menos para empezar a extinguirse.
  • Si el vaso es muy grande, la vela puede durar más de un minuto antes de apagarse.

MOLO escuchaba todo esto con esa expresión de orgullo molecular y dijo:
“El mundo está lleno de detalles que damos por hechos hasta que alguien los mira con curiosidad.”

Este experimento muestra cómo una vela puede apagarse sola al quedarse sin oxígeno cuando la cubres con un vaso. Es un experimento visual, sencillo y perfecto para explicar la combustión.

Tiempo total: 5 minutos

Coloca la vela en el centro del plato

Si quieres un efecto más visual, añade un poco de agua al plato.

Enciende la vela con cuidado.

Coloca el vaso boca abajo cubriendo la vela y apoyándolo sobre el plato.

Observa cómo la llama empieza a hacerse cada vez más pequeña.

Espera unos segundos hasta que la vela se apague sola.

Materiales: 1 vela pequeña 1 vaso de cristal 1 plato Agua (opcional) Cerillas o mechero

la ciencia no está lejos, está en tu mesa.

Lo que más me gusta de estos experimentos, como el de apagar una vela sin tocarla, es que ponen sobre la mesa algo muy sencillo: para aprender ciencia no necesitas un laboratorio con tubos de ensayo. A veces, basta una vela encendida, un vaso, un poco de bicarbonato y la voluntad de observar.

No es necesario entender todas las fórmulas para maravillarse. Basta con ver cómo la llama se inclina, desaparece, vuelve, cambia de color. Cada detalle cuenta una historia sobre gases, energía, reacciones y equilibrio.

MOLO, con la tranquilidad de quien lleva siglos flotando entre experimentos domésticos, dijo:
“La magia no desaparece cuando la entiendes. Solo cambia de nombre.”

Y creo que esa es la clave. Explicar no resta emoción. La convierte en conocimiento útil, en curiosidad permanente, en ganas de seguir preguntando.

Así que, si tienes una vela cerca, pruébalo, y luego cuéntame qué viste, cuánto tardó en apagarse, qué pensaron quienes estaban contigo. Porque la ciencia no se queda en los libros: se comparte, se comenta, se experimenta y se disfruta.

Si te animas a hacer cualquiera de los dos experimentos, me encantará que vuelvas y me lo cuentes. ¿Se apagó rápido la vela? ¿Probaste con diferentes vasos? ¿Añadiste color al vinagre? ¿Te sorprendió el resultado de apagar una vela sin tocarla?

Puedes dejar tu experiencia, dudas o ideas en los comentarios, y si conoces a alguien con curiosidad infinita, compárteselo.

Los experimentos pequeños también crean ciencia grande. 💜

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